jueves, 10 de enero de 2008

Bush veta ley que daría cobertura médico a millones de niños

Es vergonzoso que en la supuesta superpotencia mundial, sus niños estén desamparados y que 50 millones no puedan acceder a los cuidados médicos. Para colmo de males, el veto.

El sistema de salud en los Estados Unidos de América es de los más deficientes del mundo debido a que deja desprotegidos a un gran porcentaje de su población. Una población que cada vez ve a más familias entrar en la clasificación de pobre. El sistema privado sanitario permite inhumanidades como negar servicios de emergencia a la gente que no cuenta con seguro médico. Las compañías aseguradoras encargadas de proveer dicho seguro, tienen como premisa principal maximizar las ganancias a costa de la salud, es decir, firmar la menor cantidad de enfermos posibles, dificultar el acceso al sistema de salud. Su objetivo es firmar gente sana que nunca va a utilizar el seguro y cuando esta gente tiene la necesidad de hacer uso de él, buscar los requicios de la letra pequeña para tratar de encontrar un pretexto para no atender al paciente, que en los USA tiene que ser muy paciente.

La misión de un médico debería de ser la de curar a un enfermo sin importar su condición económica, su raza o religión o si está asegurado o no. Resulta incomprensible que se deje morir a un ser humano por no tener los recursos para ver a un galeno. Es moralmente reprobable que se restringa la salud a los pocos afortunados que son aceptados al seguro social estaodunidense manejado por empresas privadas cuyo único objetivo es dinero a costa de los individuos. El ser aceptado para tener cobertura es una odisea en la que el aplicante debe de gozar de perfecta salud. Es decir, los médicos en este país son para los ricos y los sanos. Más de 50 millones de ciudadanas y ciudadanos de ese país no cuenten con ningún tipo de asistencia médica. Muchos no tienen el dinero suficiente para tratarse por lo que esperan hasta que es demasiado tarde. El objetivo de la economía estadounidense en endrogar a las personas, que siempre vivan endeudadas, que vendan su alma al crédito cuando tengan una emergencia médica.

Para estar a tono con las aseguradoras el presidente de EE UU, George W. Bush, ha vetado por segunda vez un proyecto de ley que habría extendido la cobertura sanitaria infantil a diez millones de niños de familias desfavorecidas que no pueden acceder a un seguro médico. ¿De qué sirve que el congreso trate de mejorar un poco este sistema avaro para beneficiar a su pueblo?

En una carta dirigida al Congreso, el mandatario justifica su decisión al argumentar que la ley permitiría a adultos a entrar en el programa, cubriría a familias con ingresos por encima de la media y aumentaría los impuestos. "Esta ley no da prioridad a los niños pobres y movería al sistema de salud en la dirección equivocada", dijo Bush. Claro, el chiste es privar a la gente del seguro para que paguen más, para que consigan el dinero como puedan si se quieren atender.

El jefe gringo resaltó que "el objetivo de EE UU debería ser ayudar a que aquellos niños que no tienen cobertura médica puedan formar parte del sistema privado y no que aquellos niños que ya tienen un seguro privado puedan cambiarse al programa estatal". Su razonamiento va en contra de cualquier lógica o causa humanitaria. Su meta debería de ser ayudar a su pueblo ahorrándole dinero, no sangrarlo más económicamente y negángoles la salud. Los afectados en este caso, son los niños, los infantes que viven en la pobreza y que cada día aumentan en este país.

El pasado 1 de noviembre, el Senado aprobó esta ley con 64 votos a favor y 30 en contra. La iniciativa habría ofrecido cobertura médica a unos cuatro millones de niños de familias desfavorecidas que no se pueden permitir la contratación de un seguro privado, pero que no son tan pobres como para formar parte del programa público Medicaid. Esto nos prueba una vez más que los Estados Unidos viven en una democracia ficticia en donde el presidente con su derecho de veto los ha comandado a una guerra ilegal y los condena a vivir enfrascados en el temor. Una dictadura disfrazada en donde el presidente puede desconocer los procesos supuestamente democráticos de su congreso. El veto que ha matado además de leyes, personas ciudadanas de los Estados Unidos.


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