La muerte habita en los orgasmos, se disfraza de placer para otear en nuestro mundo, quiere ver por la rendija de la electricidad qué se siente estar vivo, écharle un vistazo al placer de ser. Tal vez el orgasmo es el hijo menor de la muerte, vástago heredado a los hombres en compensación de su alma. La muerte pequeña la llamó Bataille. Don Muerto citó a Sade, a Miller, a Bukowski y a varios más dentro de lo que sería su mente. su cerebro invisible proceso cantidades inimaginables de información erótica. Desgraciadamente Don Muerto no puede sentir los placeres de la carne, pero no los necesita, tiene impregnada cada sensación que experimentó en tierra. Miles de momentos, miles de recuerdos que se conjugan al mismo tiempo. Don Muerto tiene un sentido que le permite ver millones de cuadros informativos al mismo tiempo y comprenderlos todos, como si viera su vida en una pared, como si el presente se extendiera hacia el infinito y no existiera el pasado ni el futuro. Todo estaba ahí, con todo y las memorias de las sensaciones y sentimientos humanos.
La muerte habita en los orgasmos. Se disfraza de papel, de morrita o de gran señor. Morir es el mayor orgasmo de la vida. El sentir que uno se viene completamente, correrse hasta el fin, nos convertimos en un pene gigante que eyacula el alma, todas nuestras sensaciones se concentran en un punto y la intensidad es indescriptible, enorme, catastrófica. La muerte es la emoción máxima del humano. La vida es el foreplay, el calentamiento, el juego sexual, la mezcla de sentimientos acumulados durante nuestra existencia hasta llegar al climax de la inexistencia. Desde el nacimiento somos condicionados para verla como un destino inevitable. Lo único certero es que todos vamos a llegar a ella. Don Muerto volvería a reencarnar solo para sentir esa caída hacia el vacío. Volver a reencarnar para poder volver a morir. Hasta no verte muerte.
Don Muerto habita en los orgasmos. Organismos mágicos que crean algo magnánimo cuando se comparten. Don Muerto se mete entre las reacciones químicas que saturan el cuerpo cuando se estremece en ondas de placer, como surfeando en olas de sustancias verdes, va sobre torrentes de líquidos invisibles para el microscopio. Todos queremos vivir en el éxtasis perpetuo, pero solo los seres avanzados pueden lograr tal estado de Nirvana. Don Muerto sabe que para eso hay que dejar la carne y no volver a reencarnar en este infierno de semillas disecadas. Maldito vicio terrenal. Su dimensión es como un pergamino gigante privado de la compañía, vagando en la mar de la nada, en su purgatorio personal. Don Muerto busca entre la oscuridad la energía del amor a través de los orgasmos humanos. Se quiere mandar a mudar entre los espasmos y el sudor de los amantes. Mientras lo amantes dicen jadeantes antes del clímax-por favor espera, que siento que me voy a morir-.
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jueves, 26 de marzo de 2009
jueves, 20 de noviembre de 2008
Barra Libre Vientre Caliente
“Fue cuando tomé aquella droga experimental que empecé a ver el mundo por pequeñas aberturas en los cráneos de las personas. Sus imágenes reflejaban acontecimientos surrealistas que a veces resultaban ser reales y otras veces, adivinaba que podrían ser deseos reprimidos de ciertos humanos o vidas llevadas en el más absoluto secreto.
Muchas veces lo real es más ilógico que lo irreal. Lo curioso de la tormenta sensorial es que sólo me puedo conectar cuando estoy haciendo el amor, entonces es cuando las alucinaciones comienzan como una droga poderosa y no puedo parar. El techo se me abre con imágenes aterradoras y me pregunto ¿Hasta dónde podemos combinar el placer con el dolor y el dolor con el amor? ¿Hasta dónde puede el hombre soportar tanta maldad? ¿Cuánto horror podré soportar viendo estas perversiones? La adicción es incurable y sólo soy un sátiro, un sexómano en busca de ver estas imágenes de los otros seres de mi especie..
La perfección aún no es un atributo humano que yo sepa. Por ejemplo. ¿Qué haces tú cuando nadie te mira? ¿Qué te imaginas en tu cerebro? ¿Cuántos pecados y asesinatos piensas? ¿A cuántos hombres o mujeres ajenos fornicas con tu pensamiento? Allí en donde nadie, excepto tú puedes entrar. ¿A dónde vas cuando sueñas? ¿Cómo le explicas a alguien las sensaciones que sólo tú sientes? ¿Cómo sabes que lo que sientes es igual a lo que sienten los demás? ¿Qué tal si todos sintieramos diferente? Viajes personales. Si te dijera que esos viajes y esas sensaciones son las que me aprisionan cuando la energía sexual que se desprende de dos cuerpos en coito se apodera de mí. Tal vez algún día revele lo que sienten y piensan los demás cuando creen que nadie puede ver dentro de sus viajes cerebrales. Pero yo sí puedo ver dentro de ti. Alguna vez tendré que parar”.
Muchas veces lo real es más ilógico que lo irreal. Lo curioso de la tormenta sensorial es que sólo me puedo conectar cuando estoy haciendo el amor, entonces es cuando las alucinaciones comienzan como una droga poderosa y no puedo parar. El techo se me abre con imágenes aterradoras y me pregunto ¿Hasta dónde podemos combinar el placer con el dolor y el dolor con el amor? ¿Hasta dónde puede el hombre soportar tanta maldad? ¿Cuánto horror podré soportar viendo estas perversiones? La adicción es incurable y sólo soy un sátiro, un sexómano en busca de ver estas imágenes de los otros seres de mi especie..
La perfección aún no es un atributo humano que yo sepa. Por ejemplo. ¿Qué haces tú cuando nadie te mira? ¿Qué te imaginas en tu cerebro? ¿Cuántos pecados y asesinatos piensas? ¿A cuántos hombres o mujeres ajenos fornicas con tu pensamiento? Allí en donde nadie, excepto tú puedes entrar. ¿A dónde vas cuando sueñas? ¿Cómo le explicas a alguien las sensaciones que sólo tú sientes? ¿Cómo sabes que lo que sientes es igual a lo que sienten los demás? ¿Qué tal si todos sintieramos diferente? Viajes personales. Si te dijera que esos viajes y esas sensaciones son las que me aprisionan cuando la energía sexual que se desprende de dos cuerpos en coito se apodera de mí. Tal vez algún día revele lo que sienten y piensan los demás cuando creen que nadie puede ver dentro de sus viajes cerebrales. Pero yo sí puedo ver dentro de ti. Alguna vez tendré que parar”.
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domingo, 21 de octubre de 2007
Cuento Pornografico bajo la lluvia
La lluvia presagiaba un final en rojo y gris. La lluvia provovocaba un espejo acuoso cuyas astillas se incrustaban en la piel de la ciudad.
Habían permanecido encerrados como animales de metrópolis en una jaula de concreto. Prisioneros por su propia voluntad. Envueltos en un nudo humano. Cerebros intoxicados por sustancias artificiales y naturales.
Él extendía una vela ardiente. Cirio enhiesto que buscaba el cobijo de una rosa abierta. Ella lo recibía extendiendo sus extremidades al máximo. El rojo de la pasión se esparcía sobre el gris de las sábanas, húmedas por el sudor sabor a sal como las lágrimas de felicidad que llovían de sus ojos. Ríos de semen desembocaban en el bosque de su vagina inundándola de placer. Él también disfrutaba siendo mojado por los fluidos femeninos. Incesantemente. Incansablemente.
El tiempo, maldito dictador, fue reprimiendo los sentimientos de él, pero también fue exaltando los de ella.
Él rompió el hechizo y salió a buscar otro destino bajo la lluvia canalla que seguía castigando el pavimento. Vidrios rotos en el corazón de ella. El odio le lamía las heridas en su pecho triste.
Los ruidos aún están grabados en las paredes se filtraron en forma de frecuencia por los poros. Antes de la partida eran gritos de gozo, después de desesperación.
De él jamás se supo nada. Se cree que cruzó algunas fronteras y un océano.
Ella tomó un baño caliente acompañado de un cocktail de pastillas multicolores. Después hundió la Gillette en varias partes de su piel.
La lluvia puso el tono gris en la historia con su monótona melodía. Ella puso el rojo tratando de correr el gris de su alma. Sólo consiguió sacar el carmín de su cuerpo
El gris sigue estando. Aca, sigue lloviendo.
OSWALDO PÉREZ CABRERA
Habían permanecido encerrados como animales de metrópolis en una jaula de concreto. Prisioneros por su propia voluntad. Envueltos en un nudo humano. Cerebros intoxicados por sustancias artificiales y naturales.
Él extendía una vela ardiente. Cirio enhiesto que buscaba el cobijo de una rosa abierta. Ella lo recibía extendiendo sus extremidades al máximo. El rojo de la pasión se esparcía sobre el gris de las sábanas, húmedas por el sudor sabor a sal como las lágrimas de felicidad que llovían de sus ojos. Ríos de semen desembocaban en el bosque de su vagina inundándola de placer. Él también disfrutaba siendo mojado por los fluidos femeninos. Incesantemente. Incansablemente.
El tiempo, maldito dictador, fue reprimiendo los sentimientos de él, pero también fue exaltando los de ella.
Él rompió el hechizo y salió a buscar otro destino bajo la lluvia canalla que seguía castigando el pavimento. Vidrios rotos en el corazón de ella. El odio le lamía las heridas en su pecho triste.
Los ruidos aún están grabados en las paredes se filtraron en forma de frecuencia por los poros. Antes de la partida eran gritos de gozo, después de desesperación.
De él jamás se supo nada. Se cree que cruzó algunas fronteras y un océano.
Ella tomó un baño caliente acompañado de un cocktail de pastillas multicolores. Después hundió la Gillette en varias partes de su piel.
La lluvia puso el tono gris en la historia con su monótona melodía. Ella puso el rojo tratando de correr el gris de su alma. Sólo consiguió sacar el carmín de su cuerpo
El gris sigue estando. Aca, sigue lloviendo.
OSWALDO PÉREZ CABRERA
El sexo y San Juan
El sexo y San Juán
Baje desde los caireles de la tarántula jugándome el poco pellejo que me quedaba. Sentí mis cabellos como antenas y los candelabros del alma centinela de pasiones oxidadas se convirtieron en macabros. Caí en el rincón más Atlántico y me gustaría lubricar mis neuronas con el ron duro y oscuro de esas latitudes. El piso ondulado de mi habitación de hostal y las ondas sobre las olas, frías por naturaleza que construyeron una estrecha fortaleza.
Y yo quiero botas que floten a través de los océanos hacia tu locación remota en donde conviven perros sordo ciegos con musas incautas, tu alma liberada que vaga por bosques interminables habitados por seres invisibles al ojo humano que dan conciertos particulares y cuentan novedades que hacen envidiar a las estrellas expectantes y demás público noctámbulo. Fantasmas caducos y carreteras congeladas y ojalá las nubes tuvieran caminos y senderos entre las fortalezas blancas interminables y llevarte a zonas más verdes y secciones más amigables. Mi cueva blanca con ilustraciones mate.
Ángel transcontinental adoptivo, imagen conciliadora de regiones ya visitadas por mí.
El tiempo es canalla. Ella llevaba un morral muy parecido al mío. Yo estoy seguro haberlo visto por una calle de la Commercial sobre sus hombros. Y el maldito tiempo nunca nos dijo que íbamos a converger en el punto más este del Canadá. Poderle haber dicho en aquel pasado, te veré en el futuro en otra comunidad, porque te conozco porque te conoceré. Pero así es el destino; romances incompletos y viajes inconclusos. Damas en viejos automóviles, celuloides en los cerebros, recuerdos y la felicidad es la siembra de la nostalgia. El puto yate y el helicóptero, granjeros de llamas andinas, la perrita canina de moda vestida de negro, la guitarra y la nostalgia. Las nuevas formas de las sociedades. De regreso a la ciudad que hay pancartas que pegar y letras por plasmar. Confiando que el destino te vaya llevando entre tus veredas de soledades y tus fantasías carreteras hacia una exploración en bajo techo local. Que te guíen por este país casi interminable porque habrá futuros, los he visto. Y así convergeremos hasta que el vino reemplace la sangre y mi lengua se memorice los trazos de tus pecas.
Oswaldo Pérez Cabrera
St. John's New Foundland 2005
Baje desde los caireles de la tarántula jugándome el poco pellejo que me quedaba. Sentí mis cabellos como antenas y los candelabros del alma centinela de pasiones oxidadas se convirtieron en macabros. Caí en el rincón más Atlántico y me gustaría lubricar mis neuronas con el ron duro y oscuro de esas latitudes. El piso ondulado de mi habitación de hostal y las ondas sobre las olas, frías por naturaleza que construyeron una estrecha fortaleza.
Y yo quiero botas que floten a través de los océanos hacia tu locación remota en donde conviven perros sordo ciegos con musas incautas, tu alma liberada que vaga por bosques interminables habitados por seres invisibles al ojo humano que dan conciertos particulares y cuentan novedades que hacen envidiar a las estrellas expectantes y demás público noctámbulo. Fantasmas caducos y carreteras congeladas y ojalá las nubes tuvieran caminos y senderos entre las fortalezas blancas interminables y llevarte a zonas más verdes y secciones más amigables. Mi cueva blanca con ilustraciones mate.
Ángel transcontinental adoptivo, imagen conciliadora de regiones ya visitadas por mí.
El tiempo es canalla. Ella llevaba un morral muy parecido al mío. Yo estoy seguro haberlo visto por una calle de la Commercial sobre sus hombros. Y el maldito tiempo nunca nos dijo que íbamos a converger en el punto más este del Canadá. Poderle haber dicho en aquel pasado, te veré en el futuro en otra comunidad, porque te conozco porque te conoceré. Pero así es el destino; romances incompletos y viajes inconclusos. Damas en viejos automóviles, celuloides en los cerebros, recuerdos y la felicidad es la siembra de la nostalgia. El puto yate y el helicóptero, granjeros de llamas andinas, la perrita canina de moda vestida de negro, la guitarra y la nostalgia. Las nuevas formas de las sociedades. De regreso a la ciudad que hay pancartas que pegar y letras por plasmar. Confiando que el destino te vaya llevando entre tus veredas de soledades y tus fantasías carreteras hacia una exploración en bajo techo local. Que te guíen por este país casi interminable porque habrá futuros, los he visto. Y así convergeremos hasta que el vino reemplace la sangre y mi lengua se memorice los trazos de tus pecas.
Oswaldo Pérez Cabrera
St. John's New Foundland 2005
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viernes, 5 de octubre de 2007
Sexo en Ácido lisérgico rancio
Fragmento de Barra Libre Vientre Caliente
Novela Inexistente de las aventuras de Valdini en el DF
Oswaldo Perez Cabrera
Entonces, él se levantó después de pasada media hora, para él se le había hecho como si hubieran sido tres horas y fintó con retirarse a su casa a seguir durmiendo cuando lo que realmente quería era largarse a patear las calles y disfrutar del ácido. Viena lo besó largamente y Valdini ya en pleno viaje sintió los labios y la lengua sorprendentemente agradables, en este momento ya le costaba trabajo distinguir entre la realidad y su imaginación. Era como un capítulo más de la novela, aquí el personaje, que en este caso era él, tenía que terminar la faena “Ahora aquí es donde nace la literatura” pensó Valdini “Entonces lo que tengo que hacer yo que estoy viviendo la vida del personaje de novela, es seguirla besando y disfrutar esta droga que traigo encima y después hacer el papel de la escena erótica de la película, vamos a hacer pura pornografía Viena” en ese momento Viena interrumpe sus pensamientos sin consideración alguna al ambiente del momento.
-¿Quieres hacer el amor?
-Eso no se pregunta.-Respondió Valdini y se dio cuenta que Viena ha cambiado de escena y quiere agilizar las tomas candentes, entonces eso la hace una especie de directora y él le sigue la corriente ya decidido a entregarse y disfrutar a la mujer y su sexo y la droga que lleva puesta. Se dirigen hacia la recámara por las escaleras borrachas que despiden figuras hacia el techo.
La desvistió poco a poco, cada fibra que iba desprendiendo caía como en cámara lenta, cuadro por cuadro, como fotografías que van cayendo en una secuencia deliciosa. La sensación era fuerte, la lengua comenzó a percibir el sabor a sal, el mareo era constante, quería explorar cada poro y de pronto sintió que el ácido explotaba, ya sentía a Viena colocando el condón sobre su miembro erecto y después sintió que lo montaban sin piedad.
Explorar cada poro y cada poro ofrecía una alucinación diferente, como estar viendo miles de televisiones en su cuerpo, y comenzaron a llegarle las imágenes; en un poro un océano de petróleo inundaba Manhatan, en otro un arco iris de gasolina se asomaba por Dusseldorf dejando ver sus colores aceitosos, una nube de nylon copulaba con otra de cartón sobre el Big Ben, Matisse pintaba el sol al óleo y se descolgaba por un rayo de luz mortecina, un animal petrificado le escribía a su amigo taxidermista torturado en una galera de la ciudad felicidad, un escándalo de estrellas saturaba el horizonte, el cardenal Posadas le practicaba una felación al papa sobre el pasto enmohecido de un parque sintético, un pensamiento bloqueado gritaba ¡Qué viva la anarquía! Un bosque hermético luchaba por la libertad de Fulcanelli quien recibía toques en los huevos, un sentimiento manipulado se resignaba a cortejar a Madame Eduarda, un amor a control remoto de Cuba al Senegal con música de Sibelius de fondo.
Tenía las nalgas de Viena apretadas como tratando de aferrarse a algo mientras sentía el vértigo de ir a mil por hora sin frenos y de bajada, caída libre entre el mosaico de imágenes mientras Viena gime disfrutando del coito. Un corazón cableado se comunica con Sade en el inframundo, no hay un lugar en el mundo en donde no exista un amarrado, un beso con máscaras que se quieren derretir por el maquillaje tan abrupto, un bebé programado lucha por seguir dentro de su entorno acuoso, una luna de unisel y dos caras le hace muecas a la muerte con riesgo de dejarnos sin mareas, un cerebro histérico lucha por salir del país del coma profundo, un ángel negro trata de resolver su duda existencial y desmiente la lucha entre el bien y el mal. Valdini está seguro que está sintiendo rico y escucha a Oscar Chavez distorsionando su voz en el fondo de la pieza, como una legión de ecos y sonidos abstractos, reconoce el aroma de Viena quien lo ve desde arriba. La ve muy arriba.
Un planeta agujereado se da cuenta que tiene goteras imposibles, un presidente zoofílico se da gusto con el ganado porcino de su país, un hombre térmico sodomiza a una mujer de acrílico por el placer se ser, ano y verga se funden a mil grados centígrados, un espíritu asfixiado se cuelga de las barbas de Dios. El paraíso abrupto de la imaginación “Tú serás ruido de estrella succionando mi centro hacia tu remolino de piel algodón ¿Qué triste está el universo cuando está desnudo? ¿Has probado subirte al mundo pequeño cubierto de ácido? Y el ácido vaginal que sulfura mis hormonas, tan veleidosa tú, tan transparente yo y a través del plástico que funciona como periscopio se ve a través de la escafandra tus miedos, te siento vibrar, escucho tus gemidos, más, más, sólo siendo penetrada, te sientes segura, pene y entrada, gocemos mientras el mundo se va a la mierda. Fornicación sensorial, televisión interna vía satélite; nos informaron los corresponsales borrachos de éter, mientras lamo tu cuerpo todavía libre de terrores externos, sin embrago, tus traumas crecen simultáneamente a ti. A tu mismo compás, a nuestro ritmo, más rápido, más velocidad. Todo se va desvanecer cuando alcancemos la velocidad de la luz, la transición será orgásmica.” Valdini sintió que algo más que semen y su alma habían salido cuando terminó. Otra vez estaba en el cuarto y Viena jadeaba sobre él. Estaban exhaustos y cubiertos de sudor, se acomodan en la cama para esperar el sueño. Valdini cierra los ojos y se ve volando sobre acantilados castigados por el mar atlante, mientras seres majestuosos danzan a su alrededor, bicornios y quimeras gelatinosas, el hijo del viento pasa gritando, nadando en su mar de vientos, mientras los jardines azules tilitantes poblados de gnomos alados, mientras los bloques de sonido de los monjes cenobitas. Todo siempre y cuando la carretera estelar no cobre peaje.
Así Valdini logra después de varios intentos y viajes internos dormir mientras ella duerme procurando siempre tener contacto corporal con él. Así viajará Valdini hasta la mañana siguiente en la que el solitario viaje se constriña.
Baile Lujurioso, Vórtice Candente.
Novela Inexistente de las aventuras de Valdini en el DF
Oswaldo Perez Cabrera
Entonces, él se levantó después de pasada media hora, para él se le había hecho como si hubieran sido tres horas y fintó con retirarse a su casa a seguir durmiendo cuando lo que realmente quería era largarse a patear las calles y disfrutar del ácido. Viena lo besó largamente y Valdini ya en pleno viaje sintió los labios y la lengua sorprendentemente agradables, en este momento ya le costaba trabajo distinguir entre la realidad y su imaginación. Era como un capítulo más de la novela, aquí el personaje, que en este caso era él, tenía que terminar la faena “Ahora aquí es donde nace la literatura” pensó Valdini “Entonces lo que tengo que hacer yo que estoy viviendo la vida del personaje de novela, es seguirla besando y disfrutar esta droga que traigo encima y después hacer el papel de la escena erótica de la película, vamos a hacer pura pornografía Viena” en ese momento Viena interrumpe sus pensamientos sin consideración alguna al ambiente del momento.
-¿Quieres hacer el amor?
-Eso no se pregunta.-Respondió Valdini y se dio cuenta que Viena ha cambiado de escena y quiere agilizar las tomas candentes, entonces eso la hace una especie de directora y él le sigue la corriente ya decidido a entregarse y disfrutar a la mujer y su sexo y la droga que lleva puesta. Se dirigen hacia la recámara por las escaleras borrachas que despiden figuras hacia el techo.
La desvistió poco a poco, cada fibra que iba desprendiendo caía como en cámara lenta, cuadro por cuadro, como fotografías que van cayendo en una secuencia deliciosa. La sensación era fuerte, la lengua comenzó a percibir el sabor a sal, el mareo era constante, quería explorar cada poro y de pronto sintió que el ácido explotaba, ya sentía a Viena colocando el condón sobre su miembro erecto y después sintió que lo montaban sin piedad.
Explorar cada poro y cada poro ofrecía una alucinación diferente, como estar viendo miles de televisiones en su cuerpo, y comenzaron a llegarle las imágenes; en un poro un océano de petróleo inundaba Manhatan, en otro un arco iris de gasolina se asomaba por Dusseldorf dejando ver sus colores aceitosos, una nube de nylon copulaba con otra de cartón sobre el Big Ben, Matisse pintaba el sol al óleo y se descolgaba por un rayo de luz mortecina, un animal petrificado le escribía a su amigo taxidermista torturado en una galera de la ciudad felicidad, un escándalo de estrellas saturaba el horizonte, el cardenal Posadas le practicaba una felación al papa sobre el pasto enmohecido de un parque sintético, un pensamiento bloqueado gritaba ¡Qué viva la anarquía! Un bosque hermético luchaba por la libertad de Fulcanelli quien recibía toques en los huevos, un sentimiento manipulado se resignaba a cortejar a Madame Eduarda, un amor a control remoto de Cuba al Senegal con música de Sibelius de fondo.
Tenía las nalgas de Viena apretadas como tratando de aferrarse a algo mientras sentía el vértigo de ir a mil por hora sin frenos y de bajada, caída libre entre el mosaico de imágenes mientras Viena gime disfrutando del coito. Un corazón cableado se comunica con Sade en el inframundo, no hay un lugar en el mundo en donde no exista un amarrado, un beso con máscaras que se quieren derretir por el maquillaje tan abrupto, un bebé programado lucha por seguir dentro de su entorno acuoso, una luna de unisel y dos caras le hace muecas a la muerte con riesgo de dejarnos sin mareas, un cerebro histérico lucha por salir del país del coma profundo, un ángel negro trata de resolver su duda existencial y desmiente la lucha entre el bien y el mal. Valdini está seguro que está sintiendo rico y escucha a Oscar Chavez distorsionando su voz en el fondo de la pieza, como una legión de ecos y sonidos abstractos, reconoce el aroma de Viena quien lo ve desde arriba. La ve muy arriba.
Un planeta agujereado se da cuenta que tiene goteras imposibles, un presidente zoofílico se da gusto con el ganado porcino de su país, un hombre térmico sodomiza a una mujer de acrílico por el placer se ser, ano y verga se funden a mil grados centígrados, un espíritu asfixiado se cuelga de las barbas de Dios. El paraíso abrupto de la imaginación “Tú serás ruido de estrella succionando mi centro hacia tu remolino de piel algodón ¿Qué triste está el universo cuando está desnudo? ¿Has probado subirte al mundo pequeño cubierto de ácido? Y el ácido vaginal que sulfura mis hormonas, tan veleidosa tú, tan transparente yo y a través del plástico que funciona como periscopio se ve a través de la escafandra tus miedos, te siento vibrar, escucho tus gemidos, más, más, sólo siendo penetrada, te sientes segura, pene y entrada, gocemos mientras el mundo se va a la mierda. Fornicación sensorial, televisión interna vía satélite; nos informaron los corresponsales borrachos de éter, mientras lamo tu cuerpo todavía libre de terrores externos, sin embrago, tus traumas crecen simultáneamente a ti. A tu mismo compás, a nuestro ritmo, más rápido, más velocidad. Todo se va desvanecer cuando alcancemos la velocidad de la luz, la transición será orgásmica.” Valdini sintió que algo más que semen y su alma habían salido cuando terminó. Otra vez estaba en el cuarto y Viena jadeaba sobre él. Estaban exhaustos y cubiertos de sudor, se acomodan en la cama para esperar el sueño. Valdini cierra los ojos y se ve volando sobre acantilados castigados por el mar atlante, mientras seres majestuosos danzan a su alrededor, bicornios y quimeras gelatinosas, el hijo del viento pasa gritando, nadando en su mar de vientos, mientras los jardines azules tilitantes poblados de gnomos alados, mientras los bloques de sonido de los monjes cenobitas. Todo siempre y cuando la carretera estelar no cobre peaje.
Así Valdini logra después de varios intentos y viajes internos dormir mientras ella duerme procurando siempre tener contacto corporal con él. Así viajará Valdini hasta la mañana siguiente en la que el solitario viaje se constriña.
Baile Lujurioso, Vórtice Candente.
jueves, 9 de agosto de 2007
Cuento erotico en un camion
Oswaldo Perez Cabrera
Abordé el camión, el único asiento vacío estaba junto a una cabellera negra. Era la chica de la banca, la chica que escribía sentada en la estación mientras esperábamos que se anunciara nuestra partida o nuestro regreso como se quiera ver. Se trataba de regresar del frío para mí, para ella partir hacia el sur. La chica escribía sobre un cuaderno viejo, parecía que hacía anotaciones del lugar. La estación tenía una luz mortecina que hacía juego con su atavío negro y la recién llegada noche que ya aplastaba el crepúsculo. Salí a fumar y cuando regresé los pasajeros ya habían abordado el autobús.
Se volteó cuando sintió que me sentaba junto a ella, sus ojos estaban enmarañados y su aliento emanaba un olorcillo a licor, me sonrió pesadamente y se presentó con un nombre que recordaba a la naturaleza. No era particularmente bella, y parecía tener más edad que la que realmente tenía.
-tengo 17 años y voy a ver a Sonic Youth a Seattle.- dijo mientras platicábamos casualmente, yo solo voy hacia Vancouver donde vivo, le respondí. Sonic Youth es mi grupo favorito.
-¿quieres algo de licor?- me ofreció mientras sacaba una anforita de fireball, gracias, te lo cambio por un toque, le respondí mientras ella sonreía y yo tomaba un trago.
El autobús emprendió su camino mientras seguíamos con la plática casualmente, mirándonos los labios de vez en cuando, le pregunté acerca de lo que estaba escribiendo en la estación. Me respondió que hacía pequeñas historias de la gente.
-Veo a las personas interesantes y le hago una pequeña historia, por ejemplo este viejo, el que se sentó enfrente, le puse que se llamaba Magdaleno y venía de haber visitado a su hijo que se fugó del estado de Washington hacia Canadá huyendo de la guerra de Vietnam, el hijo vive ahora en medio de las montañas canadienses aún con miedo de bajar o regresar a los Estados Unidos, entonces el viejo Magdaleno, que ha de ser viudo, regresa cada año, a pesar de estar viejo y con problemas de salud. La historia acabará en que se acaba mudando a las montañas canadienses porque su salud no le permite regresar a los Estados Unidos, es un final feliz porque morirá lejos de la tierra que lo vio nacer.
Esta señora está huyendo de su casa-me dijo mientras señalaba a la vecina del otro lado del pasillo- el marido la golpeaba y ha escapado dejándolo todo atrás, ha tomado a su crío y va hacia una ciudad de la costa oeste, donde se enrollará con otro hombre. No sé si tendrá algún final feliz o no su historia. Me dio hueva terminarla porque te vi a ti.
-¿Escribiste algo sobre mí?
-sí. Algo.
-¿Qué?
--Que venías de alguna aventura, que te sentabas junto a mí. Que ibas a Seattle. Que igual te veía por ahí en el concierto de Sonic Youth.
Entonces traté de echarle una hojeada a su diario, ella me lo enseñó de lejos para que comprobara que estaba mi descripción, en la parte de abajo alcancé a leer un par de referencias a la forma de mis labios y a mi manera de besar, claro un beso imaginario, traté de ver hacía donde seguía esta historia, sentí un poco de excitación al imaginarme que esta chica podría haber escrito algo erótico sobre mí en su diario de viaje. No sabía como preguntarle así que le insinué si ella participaba alguna vez de los personajes, me dijo que a veces le gustaría, pero solo se permite fantasías y no realidades. Entonces le dio un trago a su aguardiente y con una sonrisa pasó sobre mí mientras me decía que tenía que ir al baño. Yo me toqué el miembro solo para comprobar mi erección.
De regreso dijo que estaba un poco borracha, por la ventana solo se veía una oscuridad en la que podíamos adivinar las montañas, recostó su cabeza y cerró los ojos. Su pie quedó rozando el mío, sus muslos rozando mis muslos sutilmente y poco a poco su cabeza se fue acercando a mi hombro. Yo traía un saco de dormir que puse sobre nosotros. Ella fingió ponerse cómoda y como si fuera un accidente su mano quedó en mi muslo peligrosamente cerca de mi pene que en estos momentos sufría una erección a más no poder. Me llegaba el olor de su cabello y veía como sus senos se movían con el vaivén del autobús.
Me moví un poco hacia ella, le susurré que quería leer un poco acerca de su diario donde escribía acerca de personajes bizarros, la chica que escribía sentada me lo dio con la condición de no leer la parte dedicada a mí, que es lo que realmente me interesaba y probablemente a ella también.
Leí acerca de un romance que sucedía en las calles de Calgary, un poco apasionado, con visitas a un departamento prestado, me entró la duda si esa historia pertenecería al mundo real o al de su fantasía. Pasé las hojas, ella fingía dormir, leí con asombro que me describía caminando por la estación, que le gustaría tocar mis nalgas, ver como se transforma mi pene, saborearlo, besarme, sigue con la historia, me siento junto a ella en el camión y la llevo a fornicar la baño. “su miembro me llena toda, su boca en mis tetas que brincan con el ir y venir del autobús y yo cabalgándolo sobre el retrete” Yo me acaloré la bolsa de dormir se me hizo demasiado pesada, comencé a sudar un poco, me calenté.
Empecé a acariciarle el cabello y ella levantó un poco su cara, mis labios tocaron su frente y pasé mi brazo por su hombro sutilmente, nuestras cabezas fueron girando lentamente hasta que mis labios fueron sintiendo la forma de su cara. De pronto sus labios gruesos y su lengua entraron en mi boca. Nos besamos y su mano se deslizó un poco buscando mi pene erecto, lo tocó apenas como si quisiera comprobar que estaba duro. Soltó un ligero gemido, la gente alrededor dormía o pretendía dormir, ella se aventuró un poco más y me acarició con los dedos por encima del pantalón, yo le acariciaba los muslos por debajo del saco de dormir. Sentía un poco su sudor en sus pants, tocaba por dentro de sus piernas hasta subir hacia su entrepierna, podía adivinar su humedad, subí mi mano para tocar sus senos, sentir de que tamaño estaban, mientras nos besábamos apasionadamente ella comenzó a apretarme mas casi masturbándome. La idea de ir al baño era complicada, pero se lo sugerí igual, imposible, ella tenía un poco de reticencia, susurramos un poco sintiendo nuestros alientos mientras mis mano recorría la parte baja de su estómago tratando de entrar por debajo de sus ropas, mis dedos se encontraron con el hilo del calzón y al bajar un poco, sentí los pelos púbicos, el pubis, ella me detuvo un poco mientras metía su mano debajo de mis pantalones agarrando mi miembro fuertemente y sobándolo, casi gimo de placer, así que tuve que besarle el cuello, ella jadeaba pero no me dejaba sentir su humedad con mis dedos. De pronto paró susurrándome que un señor ya se había dado cuenta que nos masturbábamos bajo la colcha improvisada. Yo igual la besé un poco más antes de que se replegara hacia la ventana.
-Estoy caliente. Quiero que sepas que me hubiera gustado que me la metieras.- me dice mientras sé que se está tocando casi imperceptiblemente. Yo le respondo que me la hubiera cogido rico.
Unos minutos más tarde el chofer anuncia una parada de media hora en medio de la montaña y de la noche. Lunch para el conductor. Algunos se levantaron hacia el baño, yo fui a comprar algo de comer, la chica que escribe fue a fumarse un cigarro. Nos separamos. Ella entró después al baño de mujeres mientras yo junto al camión fumaba.
Sale del baño y me ve parado ahí, me mira pícaramente y me pregunta si le doy un poco de cigarro y del chocolate que tenía en la mano, hago como que le doy un pedazo y se lo escondo, ella choca contra mi y la beso, muerdo sus labios y me dice que en el baño de las mujeres no hay nadie. Casi todo el camión duerme, tenemos como 20 minutos y el chofer ataca una buena porción de un sándwich con café. Nos deslizamos hacia el baño de la estación de servicio sigilosamente. Las luces están apagadas y llega un olor a orines que extrañamente me excita más, sabiendo que son orines femeninos, yo estoy a punto de explotar. Nos metemos en un retrete y nos volvemos a besar, le levanto la sudadera para chuparle las tetas, tiene los pezones duros, gime de placer. me baja los pantalones, quiere tenerla dentro, dice que está demasiado caliente, que se estuvo tocando en el baño, se da vuelta y se baja los pantalones, está oscuro, casi no puedo ver sus nalgas pero las adivino, tiene el culo grande, toma mi verga y se la mete por detrás, yo la siento calientita y apretada, grita ahogadamente de placer, siento sus nalgas golpeando mis caderas. Adivino que sus tetas están brincando. Estoy parado detrás de la metiéndole la verga, su fantasía se está haciendo realidad, le digo que si va a escribir de cómo me la estoy cogiendo, me siento súper duro, no creo que pueda aguantar mas, creo que ella se toca, de pronto la siento estremecer, se está viniendo y grita, yo percibo su olor a sexo, sus gritos me excitan más y le doy duro, lo más rápido que puedo, siento su vagina estrecha rozar con mi pene, siento urgencia por venirme, me pongo paranoico que el camión se va a ir sin nosotros en medio de este pueblo inexistente en los mapas. Aspiro su olor, se la saco toda y se la vuelvo a meter rápido y entonces siento una descarga eléctrica y sé que me estoy viviendo sobre sus nalgas. Es un coito delicioso en medio de la nada.
Salimos del baño y vuelvo a fumar, tenemos 3 minutos y ella se sube al camión. Al llegar al asiento ella ya está dormida, ronca, tiene el sleeping bag encima, se lo quito para sentarme, se acomoda, tiene la mano en la vagina, como apaciguándola después del asalto que recibió, tiene algunas manchas misteriosas en el pantalón. No sé si los demás pasajeros logran percibir el olor a sexo que emanamos. La mayoría duerme. Tomo los últimos tragos de su anforita y cuando vuelvo en mí ya estamos en Vancouver. La chica que escribía con nombre que me recordaba a la naturaleza me dio un papel con su e-mail y la historia que escribió antes de conocerme,
-si vas a Calgary, échame unas líneas por e-mail. Me gustaría ver que más podemos hacer. La dejo en el camión. Me bajo en una calle de Vancouver. Hace sol. Me dirijo a descansar con los pantalones pegajosos, al llegar a la casa me doy cuenta que he perdido el papel con las anotaciones y nuestro idilio que de fantasía se convirtió en recuerdo. Ahora debe de estar en algún bote de reciclaje.
Abordé el camión, el único asiento vacío estaba junto a una cabellera negra. Era la chica de la banca, la chica que escribía sentada en la estación mientras esperábamos que se anunciara nuestra partida o nuestro regreso como se quiera ver. Se trataba de regresar del frío para mí, para ella partir hacia el sur. La chica escribía sobre un cuaderno viejo, parecía que hacía anotaciones del lugar. La estación tenía una luz mortecina que hacía juego con su atavío negro y la recién llegada noche que ya aplastaba el crepúsculo. Salí a fumar y cuando regresé los pasajeros ya habían abordado el autobús.
Se volteó cuando sintió que me sentaba junto a ella, sus ojos estaban enmarañados y su aliento emanaba un olorcillo a licor, me sonrió pesadamente y se presentó con un nombre que recordaba a la naturaleza. No era particularmente bella, y parecía tener más edad que la que realmente tenía.
-tengo 17 años y voy a ver a Sonic Youth a Seattle.- dijo mientras platicábamos casualmente, yo solo voy hacia Vancouver donde vivo, le respondí. Sonic Youth es mi grupo favorito.
-¿quieres algo de licor?- me ofreció mientras sacaba una anforita de fireball, gracias, te lo cambio por un toque, le respondí mientras ella sonreía y yo tomaba un trago.
El autobús emprendió su camino mientras seguíamos con la plática casualmente, mirándonos los labios de vez en cuando, le pregunté acerca de lo que estaba escribiendo en la estación. Me respondió que hacía pequeñas historias de la gente.
-Veo a las personas interesantes y le hago una pequeña historia, por ejemplo este viejo, el que se sentó enfrente, le puse que se llamaba Magdaleno y venía de haber visitado a su hijo que se fugó del estado de Washington hacia Canadá huyendo de la guerra de Vietnam, el hijo vive ahora en medio de las montañas canadienses aún con miedo de bajar o regresar a los Estados Unidos, entonces el viejo Magdaleno, que ha de ser viudo, regresa cada año, a pesar de estar viejo y con problemas de salud. La historia acabará en que se acaba mudando a las montañas canadienses porque su salud no le permite regresar a los Estados Unidos, es un final feliz porque morirá lejos de la tierra que lo vio nacer.
Esta señora está huyendo de su casa-me dijo mientras señalaba a la vecina del otro lado del pasillo- el marido la golpeaba y ha escapado dejándolo todo atrás, ha tomado a su crío y va hacia una ciudad de la costa oeste, donde se enrollará con otro hombre. No sé si tendrá algún final feliz o no su historia. Me dio hueva terminarla porque te vi a ti.
-¿Escribiste algo sobre mí?
-sí. Algo.
-¿Qué?
--Que venías de alguna aventura, que te sentabas junto a mí. Que ibas a Seattle. Que igual te veía por ahí en el concierto de Sonic Youth.
Entonces traté de echarle una hojeada a su diario, ella me lo enseñó de lejos para que comprobara que estaba mi descripción, en la parte de abajo alcancé a leer un par de referencias a la forma de mis labios y a mi manera de besar, claro un beso imaginario, traté de ver hacía donde seguía esta historia, sentí un poco de excitación al imaginarme que esta chica podría haber escrito algo erótico sobre mí en su diario de viaje. No sabía como preguntarle así que le insinué si ella participaba alguna vez de los personajes, me dijo que a veces le gustaría, pero solo se permite fantasías y no realidades. Entonces le dio un trago a su aguardiente y con una sonrisa pasó sobre mí mientras me decía que tenía que ir al baño. Yo me toqué el miembro solo para comprobar mi erección.
De regreso dijo que estaba un poco borracha, por la ventana solo se veía una oscuridad en la que podíamos adivinar las montañas, recostó su cabeza y cerró los ojos. Su pie quedó rozando el mío, sus muslos rozando mis muslos sutilmente y poco a poco su cabeza se fue acercando a mi hombro. Yo traía un saco de dormir que puse sobre nosotros. Ella fingió ponerse cómoda y como si fuera un accidente su mano quedó en mi muslo peligrosamente cerca de mi pene que en estos momentos sufría una erección a más no poder. Me llegaba el olor de su cabello y veía como sus senos se movían con el vaivén del autobús.
Me moví un poco hacia ella, le susurré que quería leer un poco acerca de su diario donde escribía acerca de personajes bizarros, la chica que escribía sentada me lo dio con la condición de no leer la parte dedicada a mí, que es lo que realmente me interesaba y probablemente a ella también.
Leí acerca de un romance que sucedía en las calles de Calgary, un poco apasionado, con visitas a un departamento prestado, me entró la duda si esa historia pertenecería al mundo real o al de su fantasía. Pasé las hojas, ella fingía dormir, leí con asombro que me describía caminando por la estación, que le gustaría tocar mis nalgas, ver como se transforma mi pene, saborearlo, besarme, sigue con la historia, me siento junto a ella en el camión y la llevo a fornicar la baño. “su miembro me llena toda, su boca en mis tetas que brincan con el ir y venir del autobús y yo cabalgándolo sobre el retrete” Yo me acaloré la bolsa de dormir se me hizo demasiado pesada, comencé a sudar un poco, me calenté.
Empecé a acariciarle el cabello y ella levantó un poco su cara, mis labios tocaron su frente y pasé mi brazo por su hombro sutilmente, nuestras cabezas fueron girando lentamente hasta que mis labios fueron sintiendo la forma de su cara. De pronto sus labios gruesos y su lengua entraron en mi boca. Nos besamos y su mano se deslizó un poco buscando mi pene erecto, lo tocó apenas como si quisiera comprobar que estaba duro. Soltó un ligero gemido, la gente alrededor dormía o pretendía dormir, ella se aventuró un poco más y me acarició con los dedos por encima del pantalón, yo le acariciaba los muslos por debajo del saco de dormir. Sentía un poco su sudor en sus pants, tocaba por dentro de sus piernas hasta subir hacia su entrepierna, podía adivinar su humedad, subí mi mano para tocar sus senos, sentir de que tamaño estaban, mientras nos besábamos apasionadamente ella comenzó a apretarme mas casi masturbándome. La idea de ir al baño era complicada, pero se lo sugerí igual, imposible, ella tenía un poco de reticencia, susurramos un poco sintiendo nuestros alientos mientras mis mano recorría la parte baja de su estómago tratando de entrar por debajo de sus ropas, mis dedos se encontraron con el hilo del calzón y al bajar un poco, sentí los pelos púbicos, el pubis, ella me detuvo un poco mientras metía su mano debajo de mis pantalones agarrando mi miembro fuertemente y sobándolo, casi gimo de placer, así que tuve que besarle el cuello, ella jadeaba pero no me dejaba sentir su humedad con mis dedos. De pronto paró susurrándome que un señor ya se había dado cuenta que nos masturbábamos bajo la colcha improvisada. Yo igual la besé un poco más antes de que se replegara hacia la ventana.
-Estoy caliente. Quiero que sepas que me hubiera gustado que me la metieras.- me dice mientras sé que se está tocando casi imperceptiblemente. Yo le respondo que me la hubiera cogido rico.
Unos minutos más tarde el chofer anuncia una parada de media hora en medio de la montaña y de la noche. Lunch para el conductor. Algunos se levantaron hacia el baño, yo fui a comprar algo de comer, la chica que escribe fue a fumarse un cigarro. Nos separamos. Ella entró después al baño de mujeres mientras yo junto al camión fumaba.
Sale del baño y me ve parado ahí, me mira pícaramente y me pregunta si le doy un poco de cigarro y del chocolate que tenía en la mano, hago como que le doy un pedazo y se lo escondo, ella choca contra mi y la beso, muerdo sus labios y me dice que en el baño de las mujeres no hay nadie. Casi todo el camión duerme, tenemos como 20 minutos y el chofer ataca una buena porción de un sándwich con café. Nos deslizamos hacia el baño de la estación de servicio sigilosamente. Las luces están apagadas y llega un olor a orines que extrañamente me excita más, sabiendo que son orines femeninos, yo estoy a punto de explotar. Nos metemos en un retrete y nos volvemos a besar, le levanto la sudadera para chuparle las tetas, tiene los pezones duros, gime de placer. me baja los pantalones, quiere tenerla dentro, dice que está demasiado caliente, que se estuvo tocando en el baño, se da vuelta y se baja los pantalones, está oscuro, casi no puedo ver sus nalgas pero las adivino, tiene el culo grande, toma mi verga y se la mete por detrás, yo la siento calientita y apretada, grita ahogadamente de placer, siento sus nalgas golpeando mis caderas. Adivino que sus tetas están brincando. Estoy parado detrás de la metiéndole la verga, su fantasía se está haciendo realidad, le digo que si va a escribir de cómo me la estoy cogiendo, me siento súper duro, no creo que pueda aguantar mas, creo que ella se toca, de pronto la siento estremecer, se está viniendo y grita, yo percibo su olor a sexo, sus gritos me excitan más y le doy duro, lo más rápido que puedo, siento su vagina estrecha rozar con mi pene, siento urgencia por venirme, me pongo paranoico que el camión se va a ir sin nosotros en medio de este pueblo inexistente en los mapas. Aspiro su olor, se la saco toda y se la vuelvo a meter rápido y entonces siento una descarga eléctrica y sé que me estoy viviendo sobre sus nalgas. Es un coito delicioso en medio de la nada.
Salimos del baño y vuelvo a fumar, tenemos 3 minutos y ella se sube al camión. Al llegar al asiento ella ya está dormida, ronca, tiene el sleeping bag encima, se lo quito para sentarme, se acomoda, tiene la mano en la vagina, como apaciguándola después del asalto que recibió, tiene algunas manchas misteriosas en el pantalón. No sé si los demás pasajeros logran percibir el olor a sexo que emanamos. La mayoría duerme. Tomo los últimos tragos de su anforita y cuando vuelvo en mí ya estamos en Vancouver. La chica que escribía con nombre que me recordaba a la naturaleza me dio un papel con su e-mail y la historia que escribió antes de conocerme,
-si vas a Calgary, échame unas líneas por e-mail. Me gustaría ver que más podemos hacer. La dejo en el camión. Me bajo en una calle de Vancouver. Hace sol. Me dirijo a descansar con los pantalones pegajosos, al llegar a la casa me doy cuenta que he perdido el papel con las anotaciones y nuestro idilio que de fantasía se convirtió en recuerdo. Ahora debe de estar en algún bote de reciclaje.
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