jueves, 7 de mayo de 2009

Sobre Aleros y Tejados



Sobre los tejados las criaturas van saltando, confiscando el viento, desgastando los aleros. Desde arriba las criaturas otean el mundo que se viene abajo. Mientras ella salta delante mío, sé que pronto tendrá que aterrizar. Yo la persigo incesantemente por el mundo. Las luces de la ciudad se intensifican mientras voy hacia arriba, volando hacia la cúspide de los sueños anaranjados, se encienden ante la negrura de la noche y se atreven ante la tenue luz de la luna que trata inútilmente de alumbrarnos. Me pregunto qué ciudades estarán allá abajo mientras vuelo sobre el mundo, creo que es el mar del norte. Sobre el cielo pavimentado vamos migrando hacia otras latitudes, bienaventurados los seres alados, los que pueden emprender el vuelo con el pensamiento, los etéreos. Las luces tintineantes me guían entre la oscuridad y los gases de la atmósfera rala. El mundo gira y en el horizonte se pintan colores pastel.
Deslizarse por los aires es la actividad favorita de las criaturas. Flotar sobre el suelo, por sobre las ciudades, por sobre los mundos macroscópicos. Rodar macilento sobre la atmósfera, traspasar las nubes que escupen lluvia lenta, ácidos volcánicos que se elevan desde el centro de la tierra. Yo soy áereo. Hasta por fin llegar al tope, al techo frágil del mundo. De ahí a saborear las estrellas. Ya soy etéreo.

Hasta el cielo.

En algún lugar sobre el cielo Europa del este. 2009.

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