lunes, 15 de junio de 2009

La voz del corazón se ha quedado afónica

La voz del corazón se ha quedado afónica. El hombre de verde olivo acaricia el gatillo insensible, ojalá se tratara de un juego de palabras y estuviera acariciando un minino muerto o por lo menos drogado, pero lo que está bajo su dedo es la parte mecánica de un arma que le ha robado su capacidad de sentir. Contrae el dedo destruyendo las vidas de un país ajeno. VIAJE CON NOSOTROS, el gobierno de los Estados Unidos te hará visitar lugares exóticos. El dueño del dedo insensible tenía que salir de ese ghetto apestoso o de esa ratonera suburbana o de ese pueblo bicicletero en donde el sueño americano llega hasta la gasolinera local. Tengo este viaje amiguito, 180 días sin luz en el alma, semanas de enfermedad mental y locura.
La estupidez consiste en creer a los ídolos electrónicos que escupen mentira tras mentira cobijando a los titiriteros malévolos. La industria del anticristo es el hierro, la bala que sale impulsada por el gatillo frío es fabricada por la madre del ignorante uniformado que porta el arma patrióticamente sin darse cuenta de su condición de peón desechable. Todo por una medalla que cicatriza el alma, quema el espíritu porque un asesino es un asesino, no importan las circunstancias, el hecho es demasiado claro, quitar la vida. La sociedad es secuestrada para tomar parte en el aparato agresor. Dormidos son engañados por la verdad oficial, por auto-ataques, por pretextos cínicos, por promesas de sueños torcidos, por falsas morales y fanatismos religiosos de derecha. La tierra se hace cada vez más inhóspita. Entre catástrofes causadas por nuestra tecnología y gobiernos dementes no vamos llegando muy lejos.
La voz del corazón se apagó. El hombre de verde olivo se vestirá de gala parta acariciar por última vez el gatillo insensible. Ya de vuelta en casa, se convirtió en un héroe olvidado casi inmediatamente después de haber recibido la condecoración que adornaba su pecho vacío. Abandonado sin medicinas para el remordimiento ni la paranoia de la guerra. Esta vez la bala destruyó su propio cráneo regando la sangre hasta la repisa donde oteaba otro gatillo, éste de carne, hueso y un corazón maullador.

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